Share this article on Facebook

biblia

 

Había un maestro que contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma…

 

— Maestro, —lo encaró uno de ellos una tarde. —Tú nos cuentas las parábolas pero no nos explicas su significado…

 

— Pido perdón por eso. —Se disculpó el maestro con el alumno. —Permíteme que en señal de reparación te convide a comer un rico durazno.

 

— Gracias maestro. —Respondió halagado el discípulo.

 

— Quisiera, para agradarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

 

— Sí. Muchas gracias.  —Dijo el discípulo.

 

— ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo comértelo?…

 

— Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro…

 

— No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte…

 

— Permíteme que te lo mastique antes de dártelo…

 

— No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

 

El maestro hizo una pausa y dijo: — Si yo les explicara el sentido de cada parábola… Sería como darles a comer una fruta masticada.

 

El Señor Jesús, nos enseña a través de muchas parábolas. Enseñanzas que ratan de nuestra relación con Dios, tienen significado espiritual y eterno. Además nos ayudan a meditar en lo que el Espíritu Santo nos quiere enseñar y para poder comprenderlas es necesario estar en espíritu.

 

 

Share this article on Facebook

Share this article on Facebook

Save us from the fire

 

“Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo, y sucedió que cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron. Pero algunos de ellos dijeron: El echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios”. (Lucas 11:14,15).

 

Todos pudieron captar la malicia y el veneno de estas palabras. Los enconados adversarios del Señor sabían bien cómo insinuar con astucia que todo cuanto Jesús hacía era por instigación satánica. En una palabra, que estaba asociado con el mismísimo príncipe de las tinieblas, y que por permiso demoníaco podía expulsar demonios.

 

Nunca en este mundo faltan mentes tan obtusas y mediocres como verdad indiscutible. Al oír esto, que Jesús echaba fuera demonios “por Beelzebú”, el espíritu de la desconfianza se dispuso a entrar en las mentes de los mediocres. Jesús reaccionó con indignación y firmeza; haciendo uso de la potestad suprema con que se enfrentaba a las potencias del mal, dijo:

 

“Pero conociendo Él sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado y una casa dividida contra sí misma, es derrumba. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque vosotros decís que yo echo fuera demonios por Beelzebú”. (Lucas 11:17,18).

 

Nadie pudo replicar. Enmudecieron los críticos, y cerraron su boca los murmuradores, pero Jesús tenía algo más que añadir Había hablado del príncipe de las tinieblas, y Él tenía algo que dar a conocer al mundo. Usó de una parábola.

 

“Cuando el hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero cuando uno más fuerte que él  lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín”. (Lucas 11:21,22).

 

Está bien claro. El fuerte es evidentemente Satanás, cuyo reino de maldad ha estado establecido en el mundo, cuyo señorío nefasto impone sobre toda criatura humana.

 

Pero, ¿quién es el llamado más fuerte? ¿Quién es el que le vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte su botín? ¿Quién en este mundo, entre los nacidos de mujer, se ha mostrado más fuerte que Satanás y le ha vencido? ¿Quien jamás a podido desarmar al príncipe de la tinieblas?  ¡Solo Cristo ha podido hacerlo y lo ha hecho! Liberar a los que habían gemido inermes bajo posesión demoníaca fue su misión.

 

La misma autoridad para liberar a los oprimidos por el diablo, Jesús le ha dado a los nacidos de Dios, a todos los que toman posesión de Su promesa que dice, que, las mismas obras y aún mayores que las que Él hizo, las harían.

 

Escrito extraído del libro: Fe para vencer

Autor: Obispo Paulo Roberto

 

 

Share this article on Facebook

Share this article on Facebook
Recibe lo más reciente del blog
Canales oficiales
Calendario
diciembre 2014
L M X J V S D
« nov    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  
Seguidores

Archivos
Comentarios recientes