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Confiar o no confiar?

 

La historia de hoy relata las proezas de un gran equilibrista, cuyo representante garantizaba que el podía ir más halla.

 

Aquel hombre había atravesado varias veces las cataratas del Niágaras sobre un finisimo cable de acero, con la tranquilidad con que usted o yo atravesaríamos una calle.

 

Era realmente un espectáculo observar a aquel artista, y cada vez que sé presentaba, una multitud sé juntaba. La fama de ese hombre recorrió el mundo y llegó a entrar en los libros de los récords Guiness .

 

Su representante sé enorgullecía de aquel talento ,y muchas veces soñaba que los aplausos eran para el mismo. Seguro que el equilibrista podía superarse, el empresario hacia que el artista sé atreviera cada vez más en su show.

 

Cierta vez, durante una presentación en nuestras cataratas del Iguazú, el atravesó aquella inmensidad de agua, empujando un carrito de mano, sin poder usar las manos para mantener el equilibrio, el suspenso fue mucho mayor.

 

Lentamente, y con el semblante tenso y empapado por el sudor, consiguió realizar la proeza. Al llegar al otro lado, la platea estalló en delirio. Eran tanto los aplausos, gritos y silbidos, que el representante sé entusiasmo.

 

Para espanto de todos, anuncio que el equilibrista era capaz de ir más lejos en su intento. Esta vez empujaría el carrito con una bolsa de 70 kilos de arena. El equilibrista dudo, pero su empresario le transmitía tanta confianza que Acabó aceptando el desafío. Hubo gente que sintió que el corazón sé le salía por la boca y prefirieron retirarse. Pero la gran mayoría permanecieron asombradas.

 

El equilibrista, después de concentrarse y oír varias veces a su representante decir que confiaba en él, empujó el pesado carrito y comenzó, con visible dificultad, su arduo desafío. Durante los minutos de aquella presentación, la platea quedo muda y sin aliento. El suspenso era terrible; sin embargo, para alivio de todos, llegó sano y salvo al otro lado, a una explosión de aplausos.

 

Un tanto entusiasmado el empresario pidió un voluntario para ir dentro del carrito. La risa fue general y nadie sé atrevió a arriesgarse. Antes eso, el representante dijo: -Después de tamaña proeza, ¿aún duda de su capacidad ?

 

Fue entonces el equilibrista quién le respondió:  -Ven tú ,amigo nadie conoce mi capacidad más que tú.

 

El hombre no esperaba semejante invitación, y sé hecho atrás más que volando.

 

A veces, el cristiano sé vuelve representante del Señor Jesús: hace la mayor y mejor propaganda, pero en la hora de confiar…

 

¡ TAMBIÉN SÉ ECHA ATRÁS !

 

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Los dos siervos

 

Érase una vez un hombre que tenía dos siervos contratados. Un día los dos siervos empezaron a discutir sobre cuál de los dos era el más grande a los ojos de su maestro.

 

Entonces fueron los dos al maestro de la casa y le preguntaron, “Mi Señor, ¿quién de nosotros es el más grande?”

 

El maestro respondió, “dejaré que lo descubráis por vosotros mismos. Haré una pregunta a cada uno de vosotros…”

 

Entonces los siervos se levantaron y el maestro empezó a preguntarles, al primer siervo le preguntó, “¿qué haces por mi?”.

 

“Señor, trabajo en el campo todo el día cultivando el trigo para guardarlo después en el granero de mi señor,” respondió el primer siervo. “Después, por la noche, voy por toda la casa llenando las lámparas para que mi señor tenga luz. Con esto me gano mi salario, pero espero que un día pueda ganarme la libertad.”

 

El maestro asintió con la cabeza, se volvió a su otro siervo, y le preguntó: “¿Y qué haces tú por mi?”.

 

“Señor, soy un hombre educado, con vasto conocimiento en literatura, música, matemáticas y ciencias. Enseño a sus hijos todo lo que sé para que cuando dejen su casa puedan tener éxito en el mundo, y cuando eso suceda, espero que mi señor me de la libertad…”

 

Otra vez el maestro asintió con su cabeza y después se volvió a un humilde esclavo que estaba de pie junto a ellos y le preguntó: “ Y tú, ¿qué haces por mi?”.

 

“Mi señor, usted sabe que le amo, y mi único deseo es hacer lo que usted me pida. Usted me compró y sé que seré un esclavo de por vida, por lo que no gano ningún salario. Pero usted es bueno y misericordioso conmigo, y no me pega como otros señores a sus esclavos. Usted es sabio, justo y bueno, por eso lo amo”.

 

El maestro de la casa sonrió. “Entonces tú eres el más grande de mis siervos y te haré un hombre libre”.

 

Cuando escucharon esto, los dos siervos quedaron perplejos.

 

“¿Por qué él?” los dos gritaron indignados. “Nosotros trabajamos mucho más que él”.

 

“Sí. Vosotros trabajáis en mis campos y hacéis todo lo que vosotros mencionasteis. Pero este hombre sólo quiere servirme a mí, no a sí mismo. Ahora tiene su recompensa: su libertad. Y lo pondré como supervisor, y vosotros seréis sus siervos. Todo gracias a su servicio fiel hacia mi (aunque sólo era un humilde siervo) él es realmente el más grande.” (Efesios 6:6-8)

 

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