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victoria-sobre-victoria

 

“De triunfo, en triunfo”, nos conduce nuestro Redentor y Señor. Atrás queda ya el tiempo en que vivíamos afligidos bajo el yugo de esclavitud espiritual.

 

¡Hemos sido liberados por la sangre del Cordero de Dios! Hemos sido investidos del Espíritu Santo, que nos capacita para vivir una vida de renovada victoria!

 

Las asechanzas del enemigo, las seducciones del mundo, todo puede ahora ser gloriosamente rechazado y vencido por nuestra fe. “¡Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe!”. Por la fe nos conectamos vitalmente con la gran fuente de energía espiritual, y somos potenciados infinitamente más de lo que necesitamos.

 

Por la fe se hacen realidad nuestras esperanzas, y recibimos el oportuno socorro en nuestros trances de debilidad. Sabiendo nuestro Señor cuán propensos somos todos al desmayo y al acobardamiento, nos dijo: “En el mundo tendréis  aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33).

 

Nos basta. Nada más necesitamos. Nada más demanda nuestro Señor de nosotros. La fe es algo que aún el más endeble de nosotros puede llegar a disfrutar y poseer en la medida que necesita. ¡Gloria a Dios!

 

Escrito extraído del libro: Fe para vencer

 

Autor: Obispo Paulo Roberto

 

 

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Personas-sinceras1

 

Dios busca verdaderos adoradores, personas que sinceramente quieran tener un encuentro con Él. Para que Él pueda manifestarse en su vida, derramar el Espíritu Santo sobre ellas, guiarlas, fortalecerlas, bendecirlas y darles la felicidad completa.

 

Pero Él solo puede hacer esto en aquellos que con sinceridad se rinden a Él. Dios no hace acepción de personas, Él no mira para nuestro nivel social, económico, cultural, etc. Lo que Él mira es la intención del corazón, la sinceridad del alma.

 

La Biblia habla de Zaqueo, él era un cobrador de impuestos, se había enriquecido ilícitamente, vivía deshonestamente, robaba y defraudaba a las personas. Zaqueo no conocía la Palabra de Dios, por lo tanto no era feliz con esa vida que llevaba, seguramente se sentía vacío. Pero en su interior había un deseo sincero de tener un encuentro con Dios.

 

Por eso cuando escuchó hablar del Señor Jesús, determinado salió a buscarlo, pero Jesús estaba rodeado por una multitud. Y el problema era que Zaqueo era muy pequeño de estatura lo cual le impedía ver a Jesús. Pero él buscó la forma de alcanzar su objetivo. Sin interesarle lo que las personas pensaran de él, su interés era tanto, a punto de que se subió a un árbol Sicomoro para poder ver al Señor Jesús.

 

Jesús le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa. (Lucas 19:5). El Señor Jesús no vino para los justos, vino para los pecadores para llevarlos al arrepentimiento y salvarlos.

 

Aunque Jesús fue muy criticado por está actitud, Él sabía lo que Zaqueo tenía en su interior. Delante de Dios no interesa lo que usted haya sido o haya  hecho en su vida. Lo que a Él le importa es que si en este momento usted tiene un deseo sincero de conocerlo, de tener un encuentro con Él, este encuentro es posible, como sucedió con Zaqueo. Él hizo hasta lo imposible para encontrarse con Él y lo logró.

 

El Señor Jesús visitó la casa de Zaqueo y él dijo: –Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: –Hoy ha venido la salvación a esta casa, … (Lucas 19:8,9). Con esa actitud Zaqueo demostró que lo único que le interesaba era su salvación, porque estaba abandonando el pecado y a causa de eso recibió la salvación.

 

Dios quiere salvar su vida, usted puede encontrar la razón de vivir, tener la felicidad que siempre ha soñado, la paz y la alegría que solo Dios le puede dar, pero está decisión solo va a depender de usted. Si usted se rinde a Dios y lo busca con sinceridad es con seguridad que usted tendrá un encuentro con Él.

 

Obispo Paulo Roberto.

 

 

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muerte2

 

La materia física llega a su fin, la pregunta es: ¿y el alma a dónde va?

 

Hay diversas creencias con relación al paradero del alma de los muertos.

 

Unos dicen que se va directo al cielo, al infierno o al purgatorio.

 

Otros creen que va a reencarnar en un ser que nace.

 

Y hay quienes opinan que simplemente todo se termina y deja de existir para siempre.

 

El relato de la parábola del rico y Lázaro muestra claramente que solo hay dos lugares a donde se va el alma, uno es un lugar de tormento eterno y otro de descanso eterno:

 

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

 

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

 

En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

 

Entonces, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

 

Pero Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.

 

Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá”. Lucas 16, 19-31.

 

La elección es de cada uno de nosotros, donde queremos pasar la eternidad. Esto se decide mientras uno vive,  por medio de las actitudes diarias hacemos nuestra elección.

 

 

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