Del mismo modo que un atleta se prepara con entrenamientos para enfrentar el reto de una carrera.

Es necesario que en la vida de todo ser humano exista una preparación espiritual para enfrentar los retos de la vida cada día, sin desviarse de los más importante que es la vida eterna.

 

Como dice el apóstol Pablo a Timoteo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. (2 Timoteo 4:7).

 

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Vuelve ahora en amistad con Dios y tendrás paz; y la prosperidad vendrá a ti”. (Job 22:21).

 

En el momento en que usted toma la decisión de volverse a Dios, hace de Él su amigo fiel, busca andar en Su Presencia y en comunión con Él, esto trae consigo una paz interior y seguridad porque usted tiene un aliado fuerte y poderoso que es Dios, Él cual le ayudará a vencer las luchas y las dificultades que se van presentando en su camino.

 

Si usted ya tiene una amistad con Dios y quiere que esa amistad sea permanente, entonces usted tiene que vivir de acuerdo a Su Palabra, y tener un compromiso de fidelidad única y exclusivamente con Él. No se puede vivir en amistad con Dios y al mismo tiempo apegados a una religión.

 

Una de las cosas que la gente siempre busca es la paz interior, pero infelizmente es lo que menos tienen. La paz interior solo puede provenir de Dios.

“Toma ahora la Ley de su boca y pon sus palabras en tu corazón. Si te vuelves al Omnipotente, serás edificado y alejarás de tu morada la aflicción”. (Job 22:22-23).

 

Dios quiere que usted tenga una vida prospera y sea feliz, pero para tener esa vida prospera usted tiene que asumir vivir por la fe y en obediencia a Su Palabra.

 

La decisión está en usted, ya que Dios nos ha dado el libre albedrío de decidir el camino que queremos seguir.

“Tendrás más oro que tierra: como piedras de arroyo, oro de Ofir.  ¡El Todopoderoso será tu oro y tendrás plata en abundancia! Entonces te deleitarás en el Omnipotente y alzarás a Dios tu rostro”. (Job 22:24-26).

 

Obispo Paulo Roberto.

 

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Santo Culto:

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“Pero…”

Peros

 

Dice un proverbio japonés que, cuando todos estaban elogiando el plumaje del Pavo Real, los pájaros protestaron: “Pero miren sus patas…”.

 

El envidioso es siempre aquel que arruina placeres. Aquel o aquella que siempre tiene un “pero” para disminuir al otro, como si lo bueno del otro lo hiriese o disminuyese su yo.

 

Cuando tenemos ganas de decir un “pero…”, es mejor pensarlo muy bien: ¿Porqué quiero mostrarme diferente, contradictorio, ante el éxito de lo los demás?

A caso hay algún motivo benéfico en esa actitud, o es sólo para manifestar mi partecita de envidia, de malestar por el bien ajeno?

 

El hombre que solo es capaz de mirar los defectos y no las cualidades de alguien, es como aquel que solo ve para las dificultades, siempre tiene un “pero…”, y nunca usa la fe, nunca sacrifica, nunca se esfuerza por nada, pues no es capaz de ver, a través de la fe sus sueños realizados y por eso nunca se esfuerza para lograrlos.

 

Usted decide que tipo de visión quiere tener, que tipo de actitud quiere tomar…

 

 

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Grandezas para los grandes…

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